Firmeza, utilidad y belleza, los tres principios de la Arquitectura que Marco Vitruvio Polión describió en su tratado De architectura (siglo I a.C). El documento, dedicado a Cesar Augusto, primer emperador romano, desarrollaba otros aspectos esenciales de la construcción de edificios: el orden, la proporción y la simetría de los elementos, además de la economía de los proyectos (Capítulo II).

Se me ocurren varias similitudes con el periodismo, e incluso con la política, pero primero os resumo lo que decía: 

  • La firmeza se consigue cuando el edificio está bien anclado al suelo y los materiales de construcción son los adecuados; la utilidad requiere que el espacio esté bien distribuido, sin obstáculos para su uso, y que cada edificio se ajuste a la función para la que fue creado; la belleza se alcanza cuando «la apariencia de la obra es agradable y de buen gusto», y sus elementos están proporcionados de acuerdo a unos principios de la simetría (Capítulo III).
  • La economía se refiere a «la gestión adecuada de los materiales y del terreno, así como al equilibrio de costes y al sentido común en la construcción de las obras». Si no disponemos de abetos o mármol, usaremos otras materias primas accesibles (lo que se conoce como consumo de cercanía). En el ámbito privado, añadía, no es lo mismo construir una vivienda para una familia corriente, un hombre adinerado o un gran estadista: cada clase tiene sus propias «necesidades».

Ilustración de una edición medieval italiana del tratado (I dieci libri dell'architettura di M. Vitruuio, 1555).

Ilustración de una edición italiana de 1556 (I dieci libri dell’architettura di M. Vitruvio). Todas las imágenes las he sacado de aquí.

Respecto al periodismo: 

  • La estabilidad del edificio depende de la solidez de los argumentos y la calidad de los datos y las declaraciones; la función puede ser informativa, pedagógica o recreativa, y para cumplirla la escritura debe ser clara y «sin obstáculos»; se usará un lenguaje atractivo siempre que no ponga en peligro la construcción del edificio, persiguiendo la armonía estética y de contenido. (Qué bien escribe, qué bien se le entiende, qué bien refleja las diferentes visiones del tema, etc.).
  • Sobres los costes. Lo del sentido común se puede aplicar a cualquier cosa: desde el ahorro de papel en las redacciones hasta la cordura en la distribución de los sueldos. También existen diferentes tipos de «vivienda» según las necesidades, deseos y posibilidades de cada ciudadano. No es lo mismo Hola que The Economist; ni una entrevista en Telecinco que un documental como The Act of Killing. No son excluyentes, pero cumplen una función distinta. El precio es un problema menor: casi todo está gratis en Internet. La riqueza, en este caso, sería de atención. 

Durante los años de la crisis se ha producido una multiplicación explosiva de los medios de comunicación en España. Según los datos de la Asociación de la Prensa de Madrid, desde 2008 han aparecido más de 400 nuevos medios y otros proyectos periodísticos (como Politikon o 93metros). El pasado 11 de enero, El Español se unió a la lista.

Los hay sólidos en lo informativo pero frágiles en lo económico; blandos en el contenido pero populares en las redes; están los que no pagan a sus colaboradores y los que explotan a sus becarios (aquí tendría que insertar demasiados links); los que equilibran sus costes y favorecen el consumo de cercanía (me refiero a la cercanía de interés, a una comunidad de seguidores fieles); los hay que ni fú ni fá; y por último, en notable minoría, los que están alcanzando el firmitasutilitas-venustas de su supervivencia (este, este y este otro).

calculos2Respecto a la política: 

  • La firmeza sería el cumplimiento de la ley (con mayor rigor incluso que el resto de los ciudadanos, por aquello de la ejemplaridad pública), una estabilidad de fondo y sin banderas (no puede ser que la educación cambie cada cuatro años), una Constitución adaptada a los tiempos, una separación real de poderes y, en esencia, la persecución del interés común.
  • Utilidad: la defensa a ultranza del Estado de Bienestar, la justicia social y una auténtica voluntad de servicio al ciudadano. En inglés, a los funcionarios se les llama public servers, lo que me recuerda que, en democracia, las estructuras del Estado no están para dirigirnos, sino para servirnos.
  • Belleza: no hablo de vestir bien, sino de cierto buen gusto intelectual. Saber hablar, callar y estar; no hacer de la política un juego de tronos; ser moderadamente discreto y no infectar las leyes con la moral privada del legislador. Esto último me parece especialmente cutre y arrogante.
  • Economía: el uso práctico y transparente de los recursos. Y, aunque Vitruvio no dijese nada de esto, la redistribución equitativa de la riqueza.

El partido que logre lo anterior hallará el orden, la proporción y la simetría en su mandato, que no es otra cosa que regular nuestras obligaciones, garantizar la libertad que las compensa y custodiar la igualdad de derechos. Sólo así el edificio social será resistente a los terremotos. Sólo si los ciudadanos aceptan sus normas porque lo asumen como propio (en todas las casas hay estancias separadas y escaleras, hay que barrer y pagar la luz).

Sólo si se sienten seguros bajo su techo, o al menos más seguros que a la intemperie.

templo

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Extra: Si le hubiésemos hecho caso a Vitruvio, no tendríamos miles de cadáveres de cemento público desperdigados por el país. Algunos firmes, otros bellos, ninguno útil ni económico. ¡Cómo habrían de serlo si ni siquiera están terminados! ¡Si no tenemos con qué llenar tantos complejos deportivos, tantos centros de arte contemporáneo!

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