[El Museo Reina Sofía acogió este verano la mayor retrospectiva del artista británico que se ha hecho hasta la fecha. Comparto, actualizado, un texto que escribí y que la muerte de Ana María Matute desplazó del papel.]

2

Nombrar algo es el primer paso para apropiarse de ello. Dibujar su contorno, aunque sea con palabras, le otorga un lugar en los mapas. «Richard Hamilton es la persona en la que empieza el término Pop Art. ¿Quién descubrió América? Sabemos que estuvieron allí los vikingos, pero Cristobal Colón fue quien le puso nombre. Hamilton comprendió y escribió lo que significaba el Pop Art», asegura Paul Schimmel. Y lo hizo sin eufemismos: «Popular (creado para un público masivo). Transitorio (solución a corto plazo). Prescindible (se olvida fácilmente). De bajo coste. Producido de manera masiva. Joven (dirigido a los jóvenes). Ingenioso. Sexy. Efectista. Glamuroso. Un gran negocio».

Una de sus obras políticas, el laborista Hugh Gaitskell retratado como un monstruo.

Una de sus obras políticas, ¿el laborista Hugh Gaitskell o el fantasma de la ópera?

Un año antes de morir, el artista empezó a trabajar en una gran exposición para el Museo Reina Sofía. Una antológica que condensase sus 60 años de carrera; que mostrase de un vistazo la heterogeneidad de su producción y su evolución hacia el posmodernismo. «Fue un puente hacia un nuevo lenguaje. Uno en el que no había jerarquía de materiales y una obra gráfica era igual de importante que una pintura», señalaba en junio Schimmel, comisario de la muestra junto a Vicente Todolí. Hamilton falleció en 2011, pero para entonces ya había sentado las bases de la retrospectiva que el museo acogió este verano. Un viaje de 270 obras por todos los medios y géneros que abordó durante su trayectoria: pinturas, fotografías, instalaciones, obras de diseño industrial; retratos, paisajes, propaganda, apropiación de elementos de la vida moderna…

La ausencia de un discurso artístico lineal tiene que ver con la variedad de sus fuentes: de Fra Angelico a James Joyce, de Marcel Duchamp a la cultura popular de mediados de siglo. «No es necesario hacer lo que hace la mayoría de los artistas, crear un estilo propio», reivindicaba Hamilton. Del surrealista francés aprendió que el arte no consistía en el dominio de la técnica, sino en la creación intelectual. Un apartado completo de la muestra examinaba su inmersión en la obra de Duchamp; llegó incluso a replicar una de sus piezas más complejas, La novia puesta al desnudo por sus solteros, incluso, conocida como El gran vidrio (1915-1923). Hamilton también quiso ilustrar la gran novela de Joyce, Ulises (1922), pero tras cinco décadas de trabajo intermitente no logró completar el proyecto.

«Deslízalo hacia mí»

La retrospectiva arrancaba con Epiphany (1964), una gran chapa que reza: Slip it to me (Deslízalo hacia mí). «Es un juego de palabras que también puede significar ‘pásame el testigo’; un objeto popular convertido en obra; una visión crítica -y no afirmativa, como harán otros artistas- del consumo de masas», explicaba el director del museo, Manuel Borja-Villel. Los primeros apartados de la muestra abordaban su interés por lo mecánico y lo orgánico, la ciencia y el movimiento. Prueba de ello son dos de las cinco instalaciones que se reconstruyeron para la ocasión: Growth and Form (que no se exponía desde 1951) y Man, Machine and Motion (propiedad del Reina Sofía). «En ellas todo era superior a la suma de sus partes. Son recorridos en los que uno atraviesa físicamente el mundo de Richard», señalaba Vicente Todolí. Las tres restantes eran Lobby, an Exhibit y la conocida This is Tomorrow.

Tampoco faltaban sus célebres obras de los años 60: My Marilyn (1965), un proyecto que surgió tras ver unos contactos fotográficos que la actriz había tachado porque no eran de su agrado; Swingeing London 67, una secuencia de imágenes de Mick Jagger esposado junto al galerista Robert Fraser, tras ser detenidos por posesión de drogas; y la carátula que diseñó para el White album de los Beatles (1968), con un millón de copias numeradas. Aquel mismo año, Roy Lichtenstein retrató a Hamilton con una cámara Polaroid. Francis Bacon, Andy Warhol, Man Ray y John Lennon, entre otros, continuarían haciéndolo hasta el año 2000. ¿El resultado? Más de un centenar de instantáneas a caballo entre la biografía y la Historia del Arte.

Richard Hamilton's Swingeing London 67 (1968-69)

 «¿Qué hace al arte pop tan diferente, tan atractivo?»

bau_Richard_-Hamilton-Just_what_-1956_1En 1956, el arquitecto y escritor Theo Crosby pidió a un grupo de artistas que trabajasen juntos sobre una idea: This is Tomorrow (Esto es el mañana). Para el cartel de la exposición, Hamilton creó el famoso collage Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing? (¿Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan atractivas?). La obra muestra el interior de una casa invadida por iconos de la cultura de masas -un culturista sujetando un chupa-chups, una modelo en topless, una grabadora, anuncios, luces de neón- y marca el nacimiento ‘oficial’ del Pop. Hamilton seguiría reflexionando sobre el consumo ligado al erotismo (Hers is a lush situation, 1958) y la fraudulenta belleza publicitaria (Fashion Plate, 1969).

Una de mis series preferidas se encontraba hacia el final de la muestra: Shit & Flowers (Mierda y flores), una irreverente propuesta que combina la estética floral de los anuncios de productos de higiene con un ubicuo montón de heces.

shit

(Sí, una mierda, una señorita haciendo de vientre y un bodegón con un rollo de papel higiénico. Hamilton se inspiró en unas postales que promocionaban las virtudes laxantes de las aguas de Miers, Francia.)

Las últimas salas albergaban las obras más políticas del autor: el tríptico The citizen, the subject, the state (El ciudadano, el súbdito, el Estado) y los retratos del ex primer ministro Tony Blair (caracterizado como un pistolero) y el laborista Hugh Gaitskell (convertido en un monstruo grotesco). El recorrido se cerraba con su último trabajo: tres pinturas inacabadas inspiradas en un relato de Balzac, La obra maestra desconocida (1831). La historia cuenta la obsesión de un pintor que, obsesionado por realizar el desnudo femenino perfecto, sólo es capaz de dibujar «una multitud de extrañas líneas». Balzac se adelantó al nacimiento del arte abstracto; Hamilton, a la muerte del moderno.

Hamilton---The-State

The state, The citizen y The subject. La obra del centro representa a un preso del IRA que, a modo de protesta, manchaba con heces su celda.

Anuncios