Vista de la rotonda de Neptuno a las ocho de la tarde. E. Vasconcellos

Vista de la rotonda de Neptuno a las ocho de la tarde. E. Vasconcellos

Por suerte o por desgracia, ayer presencié ese tipo de cosas que perjudican gravemente el espíritu de las protestas ciudadanas y centran la atención de los medios de comunicación al día siguiente. La violencia deliberada, la diversión a costa del enfrentamiento directo con la policía y el caos urbano.

La chica de Femen, blanco de las cámaras. E. Vasconcellos

Jill Love, blanco de las cámaras. E. V.

Pongámonos en situación. Después de permanecer desde las 19.00 hasta las 20.30 horas frente a la fuente de Neptuno, los manifestantes que habían acudido al ‘Rodea el Congreso’ contra la Ley de Seguridad Ciudadana empezaron a moverse. Hasta el momento, la concentración convocada por la Coordinadora 25S había sido pacífica y lo más reseñable había sido la ‘actuación’ de Jill Love*: llegó, se subió desnuda a las vallas de la Policía, lanzó su mensaje silencioso, le hicieron tropecientas fotos, se bajó y se metió en el Starbucks más cercano para entrar en calor. Luego le perdí la pista.

La marea de gente avanzó, liderada por no se sabe muy bien quién, por el paseo del Prado hacia Cibeles. Una vez allí, la columna de manifestantes se dirigió hacia Sol por la calle Alcalá. No me pregunten cómo, pero de repente éramos el triple de personas: varios miles, no sabría decir un número. Una vez en Sol la cabecera de la marcha no se detuvo: atravesó rápidamente la plaza en dirección a la calle Carretas y en ese momento algunos nos dimos cuenta de que la ruta no era casual. Desde la calle Alcalá una compañera y yo veníamos siguiendo a un grupo muy joven con fundadas sospechas de que la iban a preparar.

El bloque de personas que desembocó en la plaza Jacinto Benavente y posteriormente en la calle Atocha estaba bastante mermado. Mucha gente se había quedado en Sol pensando que la marcha terminaba allí; otra siguió a la cabecera hasta que el rumbo dejó de tener sentido. ¿Meterse en la calle Atocha, llena de tráfico, para ir hacia dónde?

Finalmente, a las nueve de la noche empezó una batalla campal en el cruce de la calle Atocha con San Sebastián que el grupo al que seguíamos venía buscando desde hacía rato. Para los que no se hagan una idea del lugar, es estrecho y estaba lleno de tráfico. Un grupo de exaltados (bastante jóvenes, con la cara cubierta y algunos símbolos anarquistas) empezaron a golpear y tirar pintura sobre un coche de la Policía Municipal que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Rompieron la luna trasera, los policías salieron del atolladero a pie y dejaron el vehículo en mitad de la calle. Fueron increpados, pero no atacados físicamente.

Coche de la Policía Municipal atacado.

Coche de la Policía Municipal atacado. E. Vasconcellos

Conviene recordar que es la Policía Nacional la que se encarga del dispositivo de seguridad de las manifestaciones. En cualquier caso, destrozar el coche, fuese del cuerpo que fuese, no tenía sentido. Los antidisturbios tardaron poco en llegar y el grupo, que a estas alturas ya podemos denominar violento, empezó a emplear tácticas de guerrilla urbana. Tumbaron un contenedor de vidrio para cortar la calle y empezaron a lanzar botellas contra la policía. Problema añadido: que había coches, negocios y personas que nada tenían que ver con el enfrentamiento y terminaron pagando la factura de la mesa de al lado.

No creo que el término ‘radical’ sea el más apropiado, porque los hay que simplemente son ignorantes, o vaya usted a saber qué panorama familiar o personal manejan. El caso es que ya sólo eran un puñado, y escaparon por la plaza Santa Ana y la plaza del Ángel dejando un rastro de contenedores quemados y una terraza destrozada (la del gastrobar ‘Estado Puro’).

Antidisturbios frente a uno de los contenedores de vidrio tumbados en la calle San Sebastián. E. Vasconcellos

Antidisturbios frente a uno de los contenedores de vidrio de la calle San Sebastián. E. Vasconcellos

A las 21.30 horas media docena de furgonetas de la policía despejaba la zona y la situación del helicóptero que sobrevolaba el centro nos daba una idea de dónde estaban los nuevos ‘puntos de interés’. Llegamos a Sol, donde aún había gente concentrada, y nos dirigimos a Gran Vía por la calle Montera. Imposible saber si en esta nueva la columna, que se había formado casi espontáneamente, estaba el grupo que se había enfrentado a los antidisturbios.

Empezó entonces una persecución descoordinada y ridícula. Si no conocen Madrid cojan un mapa del centro para hacerse una idea: llegar a Gran Vía, bajar hacia Alcalá, girar en el edificio Metrópolis, cortar el tráfico, obligar a los furgones de la policía a desperdigarse, colarse en las calle que salen de Sevilla, cortar la entrada a las calles Aduana y Jardines con contenedores atravesados, marear la perdiz durante una hora más… y terminar hablando de esto, y sólo de esto, en lugar de estar denunciando lo que va a suponer la ley infame que el Gobierno pretende aprobar.

Policías en Gran Vía y barricada en calle de la Aduana. E. Vasconcellos

Policías en Gran Vía y barricada en calle Aduana. E. Vasconcellos

Llegué a casa a las once de la noche y no sé muy bien cómo terminó todo. Por lo que leo en la prensa, con 23 heridos y 7 detenidos. Pero yo me quedo con este artículo de opinión publicado hoy por Concha Caballero en El País: 10 cosas que estarán prohibidas. “Todos los gobiernos adoran a las mayorías silenciosas, pero este ha dado un paso más. Por si acaso no hay en el futuro mayorías silenciosas, habrá por ley mayorías silenciadas”. Léanlo, que no les cuesta nada. Lo que sí les va a costar, y caro, es grabar a un policía que esté reventando a palos a un manifestante, concentrarse pacíficamente en espacios públicos o gritar ‘ofensas contra España’ (¿?).

Por último, unas cuantas impresiones personales:

– Había más gente de compras en un par de calles del centro (pongamos Gran Vía y Preciados) que frente al Congreso. Y no es de extrañar: el Gobierno ha aplacado las manifestaciones ciudadanas a base de ignorarlas. Así de sencillo.

La policía no estaba preparada para lo que sucedió ayer. Subestimaron el peligro (ni siquiera habían cerrado todos los accesos al Congreso como en otras ocasiones: sólo lo habían hecho en Neptuno). Lo que nos lleva al punto anterior: saben que cada vez sale menos gente a protestar.

– Los grupos violentos improvisaron sobre la marcha. Sabían qué querían provocar (un cuerpo a cuerpo, que no deja de ser emocionante tanto para ellos como para nosotros, los periodistas) y se limitaron a buscar el momento y el lugar oportunos. En la calle San Sebastián dieron con el estrecho de las Termópilas, pero en otras ocasiones han batallado ‘a campo abierto’ (paseo del Prado, ronda de Atocha…).

No se puede generalizar y responsabilizar a los manifestantes de los destrozos de estos individuos. Muchos no superaban los 20 o 21 años, mientras que frente al Congreso había gente de todas las edades: ancianos afectados por las preferentes de Bankia, familias contra los desahucios, universitarios que no pueden pagarse las tasas, etc.

– La crónica de algunos medios, como la de Hermann Tertsch en la Huelga General de 2012, estaba escrita antes de que comenzase la manifestación, metafóricamente hablando. Un amigo fotógrafo me confesó que su medio sólo le había pedido fotos de la policía; un periodista que llegó tarde al altercado de las botellas me dijo: “Los de siempre, ¿no? Los de Vallecas”. Sin haberles visto. Y a tomar por saco.

* Corrección: La chica que se desnudó no era de Femen, era Jill Love. El cambio ya está introducido en el texto.

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