Se me ocurrió de repente, en la parada de autobús. La línea 107, que se arrastra entre Hortaleza y Plaza de Castilla, no brilla por su frecuencia, de modo que hago tiempo pensando en cosas de poca o ninguna utilidad. En realidad no es nada nuevo, es sólo la reinvención de algo antiguo. Tampoco es demasiado positivo. Sólo una idea.

PUBLICIDAD LITERARIA. PRODUCT PLACEMENT EN LOS LIBROS.

“Qué forma de traicionar el espíritu del libro, un invento que nació para transmitir y acumular conocimiento”, pensarán. Y quizá tengan razón, pero oigan: ya se hace en el cine, la televisión, la prensa, la música y los videojuegos. Los famosos lo hacen a su manera en Twitter, y las egobloggers viven de ello. Excepto en la música, que yo sepa (y no estoy del todo segura), en el resto de los casos se hace a cambio de dinero, regalos o favores.

Me explico. ¿Les molestaría que Bevilacqua y Chamorro, la pareja de guardias civiles que protagonizan las novelas de Lorenzo Silva, resolviesen un caso mientras beben una taza de Nespresso? ¿O que Manolito Gafotas y el Imbécil merendasen un Bollycao en el Parque del Ahorcado?

Ojo, no hablo de libros expresamente editados para publicitar un producto, que los hay. Ni de menciones casuales de los autores.

Cosas que se me ocurren

1.- La presencia moderada de marcas (o bares, restaurantes…) no entorpece ni varía mínimamente el curso del relato. Literariamente, a usted le daría igual, ¿no cree? Y comercialmente, es libre de comprar o no el producto.

2.- Supongo que el éxito del anuncio dependería de a) la empatía que el lector sienta hacia el personaje que consume el producto y b) las circunstancias del consumo. Condicionamiento clásico con estímulos positivos: resuelven el caso mientras beben Nespresso, ergo Nespresso les inspira. También influirá la opinión que tengamos del autor (igual que Nadal anuncia coches y Matías Prats seguros, ¿no?).

3.- El product placement no tiene por qué estar encubierto: se puede avisar al lector en las páginas iniciales o en la contraportada. O empleando una tipografía diferente o un tono más claro para escribir el nombre de la marca. Por otra parte, el logotipo no tendría que aparecer necesariamente en ninguna parte.

4.- Es una práctica más discreta que la mera inserción de anuncios tradicionales (o de vídeos y banners en los e-books, tiempo al tiempo). Además, pienso que los lectores toleran la publicidad en los periódicos y las revistas porque pagan un precio relativamente bajo por ellos y porque saben que los medios también viven de eso. Además, la lectura está más fragmentada y el anuncio no ‘interrumpe’ demasiado. Pero hacerlo con los libros… no lo veo. Es demasiado invasivo. (Hay un interesante reportaje de Yorokobu sobre este asunto.)

5.- Formas de retribuir al escritor: a) Pago proporcional al número de veces que aparezca la marca a lo largo del libro y al número de ejemplares vendidos b) Publicidad cruzada (por ejemplo, vender el libro en Starbucks si el nombre de la cadena se menciona en la historia) c) La marca asume costes de impresión o distribución.

 * Y los e-books… ofrecen posibilidades infinitas. La más evidente, incluir un link en el nombre de la marca (Nespresso, etc.) que lleve directamente a la página del producto. O que los escritores noveles o ‘con pocas expectativas comerciales’ puedan distribuir sus e-books gratuitamente a través de internet y la marca mencionada les remunere en función del número de descargas (es decir, de ‘impactos publicitarios’ probables).

Y ya por último…

La idea no me gusta, pero no me parece una locura: es sencilla y probablemente rentable. Sigo pensando que los libros son uno de los pocos espacios de silencio y reflexión que nos quedan (y no todos, porque no paran de salir griteríos impresos), pero la publicidad literaria estaría limitada a un ámbito muy concreto: las novelas de ficción, y especialmente aquellas más populares. Porque ustedes verán zapatillas Mustang en ‘Física o Química’, pero nunca en Documentos TV. Pues eso.

PD.: Si ya se le ha ocurrido antes a alguien, que es probable, que me perdone. Tampoco he indagado profundamente sobre este asunto. Sólo son apuntes al aire.

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