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Ya no queda nada para que los becarios de verano aterricen en las redacciones. Lo que hasta hace unos años era un refuerzo estacional de la plantilla se ha convertido en una práctica fraudulenta. Lo ideal era que los estudiantes o recién licenciados pusiesen en práctica lo que habían aprendido en la universidad mientras los redactores disfrutaban de sus vacaciones, pero la ola de ERE que ha asolado los medios (especialmente los impresos) ha convertido a los becarios en esclavos, con jornadas eternas, fines de semana incluidos y poca o ninguna remuneración. Estoy generalizando, sí, pero exceptuando a los alumnos del máster de cierto periódico nacional, no conozco a nadie que alcance o supere el Salario Mínimo Interprofesional (645 euros). En verano, lo más común es que se pague entre 0 y 300 euros.

Teniendo esto claro, la cosa consiste en sobrevivir y aprender. En ese orden. De mi experiencia como becaria en prensa escrita extraigo diez lecciones: algunas os parecerán evidentes, otras no tanto. Ni son las únicas ni son las mejores, sólo son las mías. Espero que os sirvan, en cualquier caso.

1. NO VAYAS DE ESTRELLA

Acabas de empezar. Sabrás mucho de McLuhan pero poco de la vida. Por lo general no nos gusta que nos corrijan, especialmente si somos un poco vanidosos. Pero si nunca lo hacen no pienses que eres un iluminado, será más bien que no tienen tiempo o ganas de enseñarte a hacerlo mejor. Si es la primera vez que pisas una redacción (o la segunda, la tercera o la cuarta), sé humilde y pide que te revisen los textos.

2. NO TE FRUSTRES

Explica Ana María Shua en uno de sus libros que cuando empezó a escribir relatos “no estaba dispuesta a pasar por un periodo de aprendizaje”. Quería que los cuentos le saliesen a la primera, y eso es imposible. Ahora es una de las maestras del cuento latinoamericano. Si se te viene el mundo encima (no sé usar este programa, me dicen que escribo muy despacio, me da vergüenza hacer entrevistas…), piensa que en dos semanas todo estará mejor. Y lo estará.

Tampoco te preocupes si crees que tus compañeros lo hacen mejor. Simplemente, esfuérzate. No tienes que ser ‘el mejor’: tienes que dar lo mejor de ti.

3. NO SEAS PASIVO

La gran diferencia entre un becario-periodista y un becario-gestor de información es que este último prefiere estar fresquito en la redacción a salir a la calle en agosto. Pide temas o propón los que se te ocurran, no te limites a subir teletipos y a hacer todas las cosas aburridas que te encarguen (agendas, fotogalerías, listas…). Eso también hay que hacerlo, pero si no demuestras que tienes iniciativa, no harás otras cosa en todo el verano.

Hay becarios que prefieren, por falta de talento o vocación, limitarse a hacer los deberes. Probablemente saldrán siempre a la hora y nunca los verás estresados. Probablemente, también, estarán desaprovechando una oportunidad para aprender y hacerse notar en un mundillo tan competitivo como este.

4. PREPÁRATE LOS TEMAS

Lo que más cosilla da al principio no es escribir, sino ir a algún acto y estar… perdido. REVISA SIEMPRE la hora y el lugar de la cita, ten claro de qué va el acto, quién va a acudir y dónde reside el interés de la convocatoria. ¿Qué es lo último que se ha publicado sobre el tema? Las personas que van, ¿me interesan por algo más que por el motivo del acto? En los turnos de preguntas lánzate, que no te dé miedo hacer el ridículo, todos lo hemos hecho alguna vez. 

Si vas a una entrevista, además de documentarte sobre el entrevistado y su trabajo, deberías planificar unas cuantas cosas: ¿De cuánto tiempo dispongo? ¿Necesito un intérprete? ¿Sé en qué actitud suele acudir la persona a las entrevistas (humor, facilidad de palabra…)? ¿Es un sitio demasiado ruidoso para poner la grabadora? ¿Tengo pilas? ¿Puedo ajustar mi cuestionario de preguntas a los ‘imprevistos’ que puedan surgir? ¿A cuáles no puedo renunciar? Todo puede salir mal, así que minimiza los riesgos. 

Sobre las entrevistas, hay un capítulo en el libro Tan real como la ficción, de Doménico Chiappe, que puede ayudarte un montón.

5. SI DUDAS, PREGUNTA

Si no sabes el nombre de la persona que acaba de hablar, pregunta. Si no has escuchado o entendido el porqué de una cifra, pregunta. Si no estás seguro de cómo se escribe un nombre propio o de la fecha y lugar de nacimiento de alguien, pregunta. Si no entiendes cómo funciona el Congreso de los Diputados, qué diferencia hay entre imputado, procesado y acusado o cualquier cosa de ciencia, economía, deporte… pregunta.

Nunca escribas nada que no entiendas ni utilices palabras cuyo significado desconozcas (creo que la frase es de Álex Grijelmo en ‘El estilo del periodista’). Si no lo entiendes tú, si no eres capaz de explicarlo, ¿cómo lo va a entender el lector? Nadie te va a mirar mal por preguntar; sí lo harán si cometes errores que podrías haber evitado.

6. ASUME RESPONSABILIDADES

“A mí no me mires, yo sólo soy el becario”. Eso no lo hagas ni lo digas ni lo insinúes NUNCA. Haz ver a tus compañeros que eres nuevo pero no estás sordo, que te enteras de las cosas y que estás aquí para aprender. Tener responsabilidades también implica poder meter la pata: si cometes errores, reconócelos. Pero ojo, no seas un pelele: que no te carguen los muertos de otros. “Habrá sido el becario” es la frase más cobarde que oirás en una redacción. Y otra cosa: si ves que un tema se te queda grande, avisa antes de encargarte de él.

7. NO OPINES…

… a no ser que te hayan seleccionado para hacer crítica literaria, artística, política o deportiva, que lo dudo. A los articulistas se les presupone una experiencia y una especialización de la que tú, y yo, carecemos de momento. Eso no quiere decir que no puedas hacerlo en tu blog o en las redes sociales, y que además lo hagas con mucho acierto. En ese caso, deja claro qué forma parte de tu trabajo y qué responde a tus inquietudes personales (empleando frases como: ‘Esta cuenta sólo me representa a mí’ en Twitter).

Puedes estar opinando incluso cuando crees que no lo haces: las palabras no son inocuas. No es lo mismo decir ‘matar’ que ‘ejecutar’ (verbo muy empleado al hablar de ETA); un adjetivo malintencionado envenena una frase entera; escribir un texto inductivo en lugar de deductivo (sacar conclusiones al principio en lugar de razonarlas y exponerlas al final). Hay mil maneras de inclinar un texto hacia un lado u otro. Otra de ellas es limitarse a ser el altavoz de una sola fuente o dar por bueno el lenguaje maniqueo y metafórico que se ha generalizado durante la crisis.

8. LEE

Lee a tus compañeros de sección y a los periodistas de otros medios que se dediquen a lo mismo que tú: leer a colegas o ‘competidores’ más experimentados te ayudará a ver los diferentes enfoques que se le pueden dar a una misma noticia, reportaje o titular. Échale un vistazo a varios periódicos y blogs de referencia todos los días: mira qué temas han sacado, cómo, con qué foto, cuánto espacio le dedican, quién lleva un contenido en exclusiva, qué se repite en todos (ahí está la agenda), a qué fuentes recurren, qué temas puedes intuir que se han hecho por ‘compromiso’, cuál es el tratamiento editorial de cada medio… Te servirá para hacerte una idea del panorama, hacer autocrítica y pensar temas sobre los que no se haya hablado todavía.

Lee novelas, ensayos, cómics… ¡y escucha música! Es lo mejor para mejorar tu estilo, ampliar tu vocabulario y tus recursos a la hora de escribir: metáforas, paralelismos, citas, ejemplos, fuentes (documentos, organizaciones y personas), de todo. Consulta también las redes sociales para ver qué temas interesan a la opinión pública y detectar posibles noticias. Pero ten cuidado con los bulos (¿puedes comprobar lo que has visto en Facebook o Twitter por otras vías?) y sé consciente de que Twitter es una comunidad limitada: no es una muestra representativa de toda la población.

Sobre esto último, quizás te interese leer este artículo (Twitter no nos representa) o ver estas infografías (datos de la última oleada del Observatorio de Redes Sociales).

9. NO TE FIRMES LOS TELETIPOS

La frase encierra más lecciones de las que parece. No lo hagas por varios motivos:

  1. Porque será como ‘robarle’ a alguien: si tienes algún compañero que esté en una agencia, te dirá lo frustrante que es que no le reconozcan su trabajo. No lo hagas por respeto.
  2. Porque la información podría estar mal (sin querer, obviamente), y si te la firmas tú serás el responsable del contenido que aparezca bajo tu nombre. No lo hagas por prudencia. Cuando una información sea tuya pero la completes con datos de agencia, también debes mencionarlo (‘informa Efe’, ‘según Europa Press’).
  3. Porque no puedes estar orgulloso de algo que no es tuyo. No lo hagas por amor propio.

NO PLAGIES por los tres motivos anteriores y porque es detestable.

NO ROBES. Es muy común buscar fotos en Google y emplearlas sin firmárselas/comprárselas al autor. Si las han compartido bajo licencia Creative Commons, infórmate de las condiciones de publicación; si están en Flickr son de ‘consulta’ pública pero de propiedad privada, fíjate en los derechos reservados; si las ves en otro medio (uno internacional, por ejemplo), pídeselas a los editores gráficos, generalmente te las ceden; si las bajas de Twitter, ponte en contacto con el autor. Si la sacas de cualquier otra parte recuerda que un día el autor podría llamar a tu puerta para exigirte un pago; no lo he visto nunca, pero poder, puede pasar. Los profesionales viven de sus fotografías, respeta su trabajo.

10. NO DEJES QUE TE HUMILLEN

Si te miran mal por tu edad, tu ropa, tu pelo, tu piercing, tus tatuajes, tus zapatillas… PASA. No te digo que vayas a la redacción hecho un desastre, pero tus argumentos son los de tu trabajo, no los de tu aspecto. No vas a ser mejor periodista por llevar una corbata.

Te preguntarán de diversas formas si eres becario y qué experiencia tienes. No siempre, pero a menudo te mirarán con una mezcla de conmiseración y fastidio. A la gente que se cree importante no le gusta que le manden a los becarios, es como ‘subestimar’ lo que tengan que decir; otros piensan que ‘les vas a hacer mal los deberes’ y llaman por la tarde a la redacción para pedir que revisen tu trabajo (no lo dicen así, pero eso es lo que quieren); habrá quien aproveche tu falta de rodaje para decirte qué es ‘lo que se espera’ que escribas y venderte alguna moto. Reconocerás a estos últimos por su extrema amabilidad.

También te mirarán, y muchas veces, por encima del hombro. Pero recuerda lo dicho: tus argumentos son los de tu trabajo. Tus argumentos son los de tu trabajo. Tus argumentos son los de tu trabajo

Lección extra

NO HABLES MAL DE TU MEDIO EN PÚBLICO, aunque te traten fatal.

¡Mucha suerte este verano!

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