Hablaba ayer con la novia de un amigo sobre la nulidad matrimonial, la separación y el divorcio. Lo hacíamos desde el punto de vista de la Iglesia Católica, no desde la legislación civil. La chica en cuestión, creyente de las de misa diaria, me explicaba por qué la institución no contempla la ruptura del matrimonio. Todo esto del compromiso, el sacrificio por el otro y el amor ‘que se construye’ frente al que te inunda de repente y sin motivo. No se alarmen, no me he convertido.

El caso es que al tocar el tema de la nulidad me di cuenta de que lo que ella decía, y por extensión lo que dice la Iglesia Católica más ortodoxa, serviría a los españoles para pedir la dimisión del Gobierno y los diputados populares en bloque alegando que, en realidad, nunca estuvimos ‘casados’ con ellos. Dejen que me explique. 

Divorcio

Un divorcio político sería algo así como presentar una moción de censura en el parlamento. El 20 de noviembre de 2011 adquirimos un vínculo con el Partido Popular: yo te voto si tú me sacas de la crisis. Pero pasa el tiempo y nuestro amante esposo, además de no hacerlo, nos hunde más en la miseria en su lamentable intento de ligar con una extranjera. Al igual que la Iglesia no contempla el divorcio, el PP tampoco lo hace con la moción de censura por tres motivos. El primero es que hace falta tener mayoría absoluta para sacarla adelante, y como sabrán, el resto de grupos parlamentarios están en minoría. El segundo y tercer motivo son 1) que jamás reconocerán sus errores y 2) que nadie se baja del burro si no es por la fuerza. Así las cosas, sólo nos queda amar y respetar al Gobierno hasta que la muerte nos separe. La de la legislatura o la nuestra propia. 

Nulidad

Otra forma de romper los lazos matrimoniales, o más bien hacer que desaparezcan ‘hacia el futuro y hacia el pasado’, es la nulidad. El cónyuge puede solicitarla cuando, según me explica la chica, ‘has tomado la decisión de casarte sin tener toda la información que te permita tomar la decisión correcta’. Es lo que se llama un ‘vicio de consentimiento’. Me pone un ejemplo: ¿Qué pasa si en la noche de bodas descubres que tu marido es un borracho, un putero y un maltratador? Digamos que era esquizofrénico, o bipolar, y ha logrado ocultártelo hasta el día de la ceremonia.

La nulidad también puede darse si hay impedimentos legales o defectos de forma, pero no estamos hablando de eso. ‘El error acerca de la persona hace inválido el matrimonio’, indica el Código de derecho canónico. ‘Quien contrae el matrimonio engañado por dolo, provocado para obtener su consentimiento, acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal, contrae inválidamente’, añade.

Ahora piensen: ¿Cómo accedió el PP al Gobierno en las últimas elecciones? Mintiendo sobre su programa electoral. Mostrando una persona distinta a la suya, engañando al elector sobre sus intenciones. Yo a eso lo llamo dolo (de la RAE: voluntad de cometer un delito a sabiendas de su ilicitud). ¿Acaso no es un matrimonio inválido, punto por punto? ¿Acaso no es delito formar un Ejecutivo cuya legitimidad se justifica con una mayoría que consiguieron mediante una estafa? ‘Has tomado la decisión de casarte sin tener toda la información que te permita tomar la decisión correcta…’.

Separación

Y así es como llegamos a la tercera opción, la que más interesa al PP, la separación. “Si el divorcio no existe y es imposible conseguir la nulidad, vivamos separados… de la realidad”, dirán. Se rompe así la convivencia con el ciudadano, la exigencia de fidelidad (¿alguna vez la hubo?) y empieza el desgobierno sin explicaciones. Y sin pasarnos la pensión.

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