[Reproduzco entero un artículo publicado en El Mundo que tuvo que ser cercenado por cuestión de espacio. Creo que el tema merece la pena: no sólo por el hecho teatral, sino por la reflexión que plantea.]

La obra de teatro ‘La visita’ aborda los abusos sexuales dentro de la Iglesia desde el prisma de la ética y el mercadeo

¿Un abuso sexual en un colegio religioso es equiparable a caerse de un andamio? ¿Se puede cubrir este tipo de incidentes con una póliza de seguros? Y en ese caso, ¿de cuánto dinero estamos hablando? Antonio Muñoz De Mesa firma y dirige ‘La visita’, un thriller que nació de un titular de prensa («La Iglesia equipara el abuso sexual de un cura en Holanda con un accidente laboral»), y que demuestra que las mejores ficciones son, a menudo, las de la peor realidad.

En 2004, el obispado de Rotterdam reclamó a su compañía de seguros, Aegon, la devolución de una suma de dinero. Siete años antes, la Iglesia holandesa había pagado una indemnización de 45.000 euros a la familia de una niña que había sido víctima de abusos sexuales por parte de un párroco. El obispado pretendía recuperarlos equiparando esta conducta con un accidente laboral, y responsabilizaron a la aseguradora del pago. La compañía se negó, pero años después llegó a un acuerdo y puso un millón de euros a disposición de la institución. ¿El fin? Cubrir las compensaciones económicas derivadas de otras demandas por abuso.

visitEn ‘La visita’ (Uroc Teatro), dos personajes pugnan por defender sus intereses (¿o son los de otros?): un sacerdote que quiere renovar su póliza de seguros para que cubra eventuales demandas por abusos en el colegio que dirige, y una agente de seguros (y madre de un niño) que no da crédito a lo que oye. Ivan Villanueva y Rosa Mariscal protagonizan desde este jueves un mano a mano entre la codicia y la moral en el Teatro Arenal. El texto no debe entenderse como un ataque a la Iglesia, explica el autor, sino que plantea un conflicto más mundano: «Maximizar los beneficios económicos o el bien común».

Sobre el cuadrilátero, «una mujer en un entorno hostil que se aferra a sus principios», señala el dramaturgo, «y un cura que no es el malo tonto, pero que tiene la moral destruida». La comercial apela a la ética; el sacerdote, a la legalidad, «y ambos se limitan a hacer su trabajo». «Habrá algún cabrón que diga que es legal, pero no creo que haya nadie que diga que está bien», apostilla Muñoz de Mesa.

«¿Habéis echado cuentas?»

Sea como sea, algo va mal cuando se habla de tocamientos o violaciones en términos de rentabilidad. «El bien común se ha sacrificado por el sálvese quien pueda», señala: «Si algo no nos afecta directamente, nos parece indignante pero no nos movilizamos». La última batalla se libra en la conciencia de la mujer, para quien la negociación tiene algo de personal: «Me da asco formar parte de esto», le espeta al religioso. «¡Pero qué asco ni qué hostias!», responde él.

La obra se estrena en un momento en el que la moral del dinero se ha impuesto al sentido común, reconoce el autor: «Los desahucios, el tema de las preferentes… No quería dejar pasar este momento». Por suerte, la esquizofrenia no ha llegado al extremo representado en la obra: no le consta que las aseguradoras españolas ofrezcan semejantes cláusulas, aunque es cierto que existen en Holanda.

En 2010, la Iglesia católica holandesa puso en marcha una investigación para determinar cuántos casos de abusos a menores se habían producido desde 1945. Una comisión dirigida por el ex ministro democristiano Wim Deetman contabilizó, sólo hasta 1981, entre 10.000 y 20.000 víctimas de «distintas formas de conductas sexuales inapropiadas» y 800 presuntos pederastas en el seno eclesiástico.

«¿Habéis echado cuentas?», amenaza el sacerdote a su interlocutora, haciéndole ver lo perjudicial que resultaría para su empresa perder a un cliente tan importante (aunque el seguro de Dios lo cubra todo, bromea más adelante). «Claro que hemos echado cuentas. Si no, no estaría aquí discutiendo».

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