El IVA de las entradas de cine, conciertos y obras de teatro subirá del 8 al 21% el próximo 1 de septiembre. Hace tiempo que no voy al cine. Mucho. Muchísimo. Hace tiempo que 8 euros –10 para las películas en 3D– empezaron a ser demasiados para una persona que estudia pero no trabaja. O para una que trabaja, pero no cobra. O para una que trabaja y cobra, pero poco.

La subida del IVA supone que esos 8 euros pasarán a ser 9, si nadie lo impide. Un euro más. No es nada, ¿no?

  • Nada comparado con los 350 euros más de media que costará enterrar a tu abuelo. Porque las funerarias también pasan del 8 al 21%. No es nada, ¿no?
  • Nada comparado con los aproximadamente 600 euros que costaron cada uno de los 350 iPad’s que regalamos en noviembre a los nuevos congresistas. Entre ellos, el de Andrea Fabra. No es nada, ¿no?
  • Nada comparado con los 6.000 euros que gastó Dívar (que se sepa) del presupuesto destinado a «labores de representación» del Consejo General del Poder Judicial, viajes privados a hoteles de lujo de Marbella para él y a su(s) acompañante(s). «Una miseria», dijo. Pero no es nada, ¿no?
  • Nada comparado con la pensión vitalicia de 370.000 euros anuales que se adjudicó María Dolores Amorós, exdirectora general de la CAM y culpable, entre otros, de su ruina. No es nada, ¿no?
  • Nada comparado con los 2,3 millones que cobró Rodrigo Rato como consejero del grupo Bankia en 2011. No es nada, ¿no?
  • Nada comparado con los 300 millones de euros que costó construir la Caja Mágica, la infraestructura estrella de la candidatura olímpica de Madrid 2012. Un edificio al que ahora resulta sumamente complicado dar utilidad. No es nada, ¿no?
  • Nada comparado con los 23.000 millones que pedía Bankia para «sanear» sus cuentas. Casi tantos como los que el Gobierno dice que se embolsará hasta 2014 gracias a (o a pesar de) la subida del IVA. No es nada, ¿no?
  • Nada comparado con los 65.000 millones que el PP asegura que necesitamos para «reestructurar nuestro sector financiero», millones procedentes de un «préstamo en condiciones muy ventajosas» que nos concederá Europa por obra y gracia del Espíritu Santo. Sin medidas adicionales como la subida de impuestos, la desaparición del subsidio por desempleo y el recorte de sueldos de funcionarios como el que estamos viviendo. No, señores, nada tiene que ver. Nada tiene que ver que los recortes anunciados esta semana asciendan también a 65.000 millones de euros.

Pero todo no es nada, nada comparado con las mentiras contadas sin remordimiento por los miembros del Gobierno, capaz de decir una cosa y dos días después la contraria. Nada comparado con la humillación que se siente cuando la acomodada hija de un mafioso grita «¡Que se jodan!» cuando el pupilo de Fraga anuncia recortes. Nada comparado con el silencio de ultratumba de la oposición.

Nada comparado con el desprestigio que sufriremos como país cuando el banco central alemán consiga sus propósitos y seamos oficialmente rescatados. Nada comparado con el retroceso del nivel de vida y libertad que ya experimentamos por culpa de la mayoría absoluta de una minoría absolutamente imbécil, incapaz e irreverente.

Vosotros, vosotros que votasteis a Mariano Rajoy Brey, ahí lo tenéis. Que os aproveche.

Pero a mí no me jodáis: YO NUNCA VIVÍ POR ENCIMA DE MIS POSIBILIDADES.

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