«Anita despertó una mañana con la extraña sensación de que algo faltaba en el mundo, en su mundo. […] Como de costumbre, cubrió su nariz con una camiseta antes de entrar al baño de su pabellón. El espejo le mostró el cuadro de siempre: el primer plano de su rostro cubierto y un paisaje de papeles sucios, escupitajos, charcos de orines y sanitarios trajinados por decenas de mujeres antes que ella. Pero extrañamente allí no había ningún olor. […] su nariz no servía, había perdido la capacidad de oler. Por eso no había sido capaz de sentir […] la fetidez de los excrementos que se pudrían alrededor de los sanitarios.

Si el lugar estaba tan asqueroso como siempre, ¿dónde estaba el hedor? […] Un médico del penal le dio una explicación que a ella le pareció convincente y que la ha dejado tranquila hasta ahora. Se trata de un problema de sugestión y de reacción al asco, le dijo. Anita no siente los olores porque los olores del penal le son demasiado insoportables. Hay un término clínico para calificar su enfermedad: anosmia […].»

Día de visita, Marco Avilés (Libros del K.O. 2012)

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