Los tecnócratas han tomado el mando en Grecia e Italia. La gestión ineficiente, en el caso de Papandreu, y deliberadamente temeraria, en el de Berlusconi, ha contribuido a engordar la doble crisis de Europa: la democrática y la económica. El nombramiento de los economistas Lukas Papadimos y Mario Monti al frente de sendos gobiernos ejemplifica la interesada confusión actual entre el poder político y el financiero.

“Si ceden los verdaderos y normales poderes históricos –raza, religión, política, ideas-, toda la energía social vacante es absorbida por el dinero”, advertía Ortega y Gasset a principios del siglo XX, y con acierto describió el escenario global de la última década.

>>>

El panorama es insólito. La Unión Europea ha impulsado la promoción pública de dos individuos que no cuentan con el respaldo de las urnas. Ambos han sido elegidos a dedo por Bruselas para que apliquen sus recortes y recuperen la estabilidad de la franja mediterránea, pero nada se sabe de su compromiso con los derechos sociales de la población, que se pregunta, simple y llanamente, qué hacen los cómplices* de la crisis en sus palacios presidenciales.

Max Weber describió tres formas de legitimidad del poder político. La tradicional, heredera de la historia y las instituciones del pasado (monarquía); la carismática, apoyada en el carácter excepcional de los gobernadores (totalitarismo); y la legal-racional, fundamentada sobre normas jurídicas o, en todo caso, sobre pactos sociales anteriores al derecho de los estados. Las democracias responden a esta última; los gobiernos de Monti y Papadimos, a ninguna de ellas. Su investidura se debe únicamente a sus buenas relaciones con las autoridades del capital mundial. No obstante, Sarkozy y Merkel los tratan como interlocutores válidos y no dudan en hacerse fotos con los nuevos oligarcas europeos.

Weber explicaba que la estabilidad de los gobiernos se asentaba más en la obediencia de los ciudadanos que en la justicia o la forma óptima del Estado. El gobierno legítimo no siempre era el mejor, pero los súbditos entendían que una razón superior – Dios, una constitución, un linaje familiar – otorgaba el mando a sus gobernantes. En virtud de ella, los respetaban.

La practicidad economicista de la Unión Europea no basta para justificar la autoridad de Monti y Papadimos. El interés financiero no puede imponerse al bienestar de los pueblos estafados, no puede convertirse en “la nueva legitimidad del siglo XXI”. No cuando se ha ignorado la voluntad de los que asumen los recortes. No cuando está en juego la paz social. No cuando falta legitimidad.

* Entiendo que todo el mundo sabe (o debería saber) que Monti es actualmente asesor internacional de la firma de inversiones Goldman Sachs y Papadimos fue vicepresidente del Banco Central Europeo entre 2002 y 2010. Ambas instituciones han contribuido a empeorar la situación económica mundial: bien especulando (Goldman Sachs está detrás de las hipotecas basura de Estados Unidos), bien aplicando medidas escasamente positivas para Europa. Por otra parte, cuando Papadimos fue gobernador del Banco Central de Grecia, se falsificaron las cuentas públicas griegas para poder entrar en la zona euro.

Anuncios