‎”La muchedumbre se ha hecho visible, se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad. Antes, si existía, pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del escenario social; ahora se ha adelantado a las candilejas, es ella el personaje principal.

[…] Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente ‘como todo el mundo’ y, sin embargo, no se angustia.

No es masa, en cambio, el hombre humilde que se siente mediocre y vulgar porque al intentar valorarse por razones especiales -talento para esto o lo otro, excelencia en uno u otro orden- advierte que no posee ninguna cualidad egregia. Es preciso hacer constar, frente a habituales bellaquerías, que el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores.

[…] Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera. Como se dice ahora en Norteamérica: ser diferente es indecente. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Si usted no es como todo el mundo, si no piensa como todo el mundo, corre usted el riesgo de ser eliminado.

[…] ‘Todo el mundo’ era, normalmente, la unidad compleja de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora todo el mundo es sólo la masa“.

MASAS, Ortega y Gasset. 8 de mayo de 1927 (El Sol)

El mediocre, al sentirse tal, resolvió toda duda sobre su individualidad. Como el que rompe el silencio al mencionarlo.

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