La Defensora del Lector de El País, Milagros Pérez Oliva, ha recopilado durante las últimas semanas las opiniones de muchos lectores críticos con la cobertura que los medios de comunicación hicieron de las movilizaciones del 15M. La suya me parece una labor necesaria, y valoro el hecho de que la cabecera de PRISA sea la única en España, junto con La Vanguardia, que acoge la figura del ombudsman entre sus filas; no obstante, creo que desarrolla su papel de manera limitada, puesto que no realiza una autocrítica clara de algunas prácticas del medio al que representa*. Pero eso es otra historia.

Indignados con los periodistas (26 de junio) y Las causas de la indignación (10 de julio) son el resultado de su trabajo. Dos artículos en los que da voz a los profesionales de su empresa y a sus lectores, respectivamente, que reflexionan acerca del trato mediático recibido por los ‘indignados’ (un término que, dicho sea de paso, simplifica bastante mal una realidad y unas demandas ciudadanas complejas).

Pues bien, las quejas de los lectores son en realidad una coherente lección de Periodismo de primero de carrera. Un tirón de orejas para que los periodistas pulan sus aristas, desde la redacción y el correcto empleo del lenguaje hasta la construcción de la agenda y la selección interesada de la actualidad. Estas son, casi literalmente extraídas, las críticas que nos hacen:

1. Los medios no reflejan bien la realidad: la distorsionan u ocultan partes relevantes de la misma.

Añado: la línea editorial está tan presente en la selección de los temas – ¿qué es noticia? – como en el enfoque de éstos. Por ejemplo, ¿la noticia es la visita del Papa (ABC) o el dinero que el Estado español se gastará en la misma (Público)?

2. Tendencia a incluir opinión en los titulares y en los textos informativos. Sin comentarios.

3. La presentación de noticias se decanta cada vez con mayor descaro en función de las posiciones políticas a las que el medio es afín, o de los intereses propios de las empresas periodísticas.

Explico: Si El País publica la reseña de un libro editado por Santillana (PRISA), esta nunca será negativa, aunque el manuscrito sea un truño. Lo mismo ocurre con la publicidad en forma de noticia que ABC ha dado a su nuevo kiosko de prensa para tabletas/móviles, cuyo nombre no mencionaré.

4. Los lectores cuestionan la capacidad de los periodistas para sustraerse a las presiones del propio medio, de las fuentes y las agendas.

Alego: No vivimos del aire, las aventuras éticas son para el que se las pueda permitir.

5. Tendencia a mezclar información y entretenimiento. ¿Cómo? Aumentando la cantidad de contenidos espectaculares o exagerando/sobrevalorando los aspectos más llamativos del resto de las noticias.

6. Las noticias omiten datos muy relevantes para los ciudadanos. 

Supongo: Echan en falta el contexto, análisis, antecedentes, causas y consecuencias, por ejemplo, de la privatización de las cajas de ahorros.

No creo que los periodistas deban escribir lo que quieran y como quieran los lectores, pero está claro que no podemos vivir ajenos a ellos. Al fin y al cabo, seríamos como músicos sin público (se puede interpretar por placer, al igual que escribir, pero la música existe para ser escuchada como los periódicos para ser leídos). Pero hay que tener en cuenta que los lectores que se toman la molestia de exponer su descontento, argumentarlo y hacérselo llegar a la Defensora del Lector son personas informadas, interesadas. Por ello, su opinión pesa más que la de los lectores ocasionales y veinteminuteros.

Igual que seguimos a uno u otro columnista con especial apetito o respeto, intuyo que los buenos periodistas gustan de ser leídos por unos individuos más que por otros. Y sus críticas, por lo que tienen de ciertas, no resultan molestas.

* Puntualizo una cuestión, sugerencia de un compañero. No critico la labor de la Defensora del Lector. Simplemente opino que tiene menos autoridad de la que debería y no creo que tenga poder para cambiar determinadas malas prácticas en la redacción y (muy especialmente) en la dirección del periódico. Ojo, ojalá existiese alguien parecido a Milagros Pérez en el sector audiovisual.

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