• La imágenes de Benín Sonríe, en la casa de Extremadura hasta el 27 de febrero

D. Calle

En julio de 2009, Cristina García, licenciada en derecho y miembro de varias ONG de la Comunidad de Madrid, viajó a Benín, un país de África occidental, y regresó con una sonrisa. Una en la cara y otra en su cámara de fotos. La joven documentó el día a día de los habitantes de la región mientras colaboraba en un proyecto de la Sociedad de Misiones Africanas y, aunque no era su intención inicial, decidió exponer las instantáneas. Después de pasar por el Centro Hispano Africano hace un año, Benín Sonríe llega a la Casa de Extremadura.

La muestra está formada por 62 fotografías en las que la técnica y el estilo no son lo más importante, señala Cristina, sino los paisajes y las personas que aparecen retratadas, con las que la autora convivió durante su estancia en la aldeas de Monno y Bukanere. “Pretendo mostrar a la gente la cara amable de África, lo que nos llega siempre en los medios de comunicación son malas noticias, guerras, hambrunas”, asegura, y lo que ella encontró al llegar allí fue un país que, a pesar de ser uno de los más pobres del continente, “sonríe y desprende alegría y esperanza”. “Yo misma sonrío más cuando estoy en África”, admite.

Las imágenes de Benín son en cierto modo una llamada de atención sobre la diversidad africana, “donde hay 54 países con situaciones políticas, económicas y sociales diferentes,” pero que suelen englobarse en un mismo “todo”. Uno de los protagonistas de su objetivo fue el pueblo peul, que significa viajero, nómada, y se caracteriza por su belleza. La fotografía que abre la muestra, Mujer peul, “es un reflejo fiel de la mujer africana: madre, con su niño en la espalda, trabajadora, con todos los utensilios sobre la cabeza en perfecto equilibrio y elegancia”.

Niñas peul. Cristina García

La exposición está a disposición de cualquier evento benéfico que quiera disponer de ella, pero no recauda ningún tipo de aportación, aclara Cristina. La autora comparte sus fotografías a través de Internet y permite que las ONG las empleen para sus campañas sin cobrar nada por ellas. Los retratos no están a la venta porque para ella no son sólo instantáneas: “Es gente con la que he mantenido una relación muy especial”.

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