[Publicado en getafecapital.com]

Tirsa no lleva reloj. Dice que no lo necesita para llegar puntual a los sitios. Casualidad o no, el tiempo es uno de los temas que aparece con cierta frecuencia en sus apuntes. “El tiempo que corre y que uno quiere hacer reversible. Lo que se tiene, lo que se pierde, lo que se espera”, explica otorgando la intensidad precisa a sus palabras.

Licenciada en Psicología y profesora en el IES Ícaro de Getafe, empezó a escribir poemas cuando era adolescente, una afición que ha mantenido casi en secreto durante décadas. Reconoce que le invade una timidez extrema y que tendrá que hacer un gran esfuerzo para ocultarla durante la presentación de su primer poemario, Los más queridos nombres, en el Centro de Poesía José Hierro. La obra reúne una breve pero cuidada selección de versos de Tirsa. La poeta (que a la vez es madre, hija, mujer, mentora, alumna y terriblemente nerviosa) admite que tiene cierto “miedo general a la decepción”, pero entiende que cada lector recibe la poesía a su manera.

be1c16f05a8b0eaac5233036ebea6075La profesora se inició públicamente en el mundo poético gracias a los talleres del José Hierro y al apoyo de su tutor, Manolo Romero. Su primera apuesta literaria acaba de salir del horno de la editorial Amargord, y ha sido publicada tras meses de trabajo puliendo las aristas de poesías presentes y pasadas. Algunas de las que recoge este libro las escribió con 20 años, “puede que las mejores sean de esa época, antes de entrar en la rueda del trabajo y la familia”, apunta. Dice que a esa edad empezó a reconocerse a sí misma en lo que escribía, después de un tiempo en el que sus poemas sonaban a Bécquer, Machado o Juan Ramón Jiménez. Los más queridos nombres no tiene una unidad temática, “la unidad la dan los propios poemas y la persona que los escribe”, y retoma la idea que amasaba al principio, “este libro está hecho de lo que se ansía”.

Lo circunstancial de la vida y la casualidad de los acontecimientos es otra constante que ronda a menudo su cabeza. Hablando de circunstancias, la poeta cuenta que la escritura no avisa ni pide permiso. “Surge, y si no lo escribes en el momento, pierdes el tono”. Además, atribuye a los escritores (innatos) un compromiso imperativo: “Si la escritura te llega, es casi inmoral rechazarla”.

Después de traducir a palabras sus instantes de lucidez, Tirsa ordena sus notas cuando todos duermen, en la complicidad y el silencio de la noche. “Soy caótica leyendo y escribiendo”, admite sin remordimiento, “pero luego todo se junta, todo tiene sentido”.

De su libro, dedicado en verde, sale lo siguiente:

Cuando encuentro a otro ser que en ti habitaba
conmemoro lo sublime del no saber,
la tersa piel de la inexperiencia.
[…]

 

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